No somos islas
¿Alguna vez has observado, o jugado en un evento deportivo en el que sucediera algo desastroso? Recuerdo haber asistido a un partido de fútbol profesional donde faltaron el defensa lateral y el central. Con ambos jugadores claves ausentes, perdieron el juego 6 a 1. Claro, el resto del equipo se esforzó, pero sin el talento específico de estos dos jugadores, el equipo sufrió.
Lo mismo sucede contigo. Como parte del “equipo” o familia de Dios, ¡tu importas! Lo que aportas al “campo” es único y necesario. Sin ti, seguramente algo faltaría y estaría incompleto.
¡Dios te ha dado dones de forma única! Si eres bueno sirviendo a otros, ¡entonces sirve! Si eres bueno enseñando, ¡entonces enseña! Si eres bueno dando, ¡entonces da! No es una pregunta sobre si tienes dones, sino sobre cómo los usas.

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